Luego de aceptar la victoria y gritar democracia tres veces, Laura Fernández declaró el nacimiento de la “tercera república” en Costa Rica. Con el respaldo de 31 diputaciones, Fernández indicó que las transformaciones serán profundas e irreversibles, en las que será central modificar el comportamiento de la oposición política y los partidos políticos. Así, Costa Rica parece emular los pasos de Nayib Bukele y Nuevas Ideas, uno de los aliados más importantes para el presidente en funciones, Rodrigo Chaves y la recién electa Fernández.
Por Nery Chaves García*
Minutos después de la lectura oficial de los resultados y que algunos opositores reconocieran su perdida, la pantalla de la televisión se dividió en dos. Por un lado se encontraba el presidente actual Rodrigo Chaves Robles y por el otro recién electa, Laura Fernández. Se supone que es una llamada virtual televisada pero ninguno lo advierte, tampoco los presentadores de las noticias y no son visibles señaleticas o alguna cuestión que indique que es cadena nacional.
En la llamada, Chaves toma la palabra para indicar que es ella la elegida por el pueblo costarricense para “otorgarle la silla que ocupo yo hoy a partir del 8 de mayo” y se pone a disposición de la transición para que ella llegue con “todo el impulso” a gobernar. Como es de esperar, Chaves se refirió despectivamente a su antecesor de Acción Ciudadana que supuestamente no realizó una labor eficiente a su llegada al poder. Fernández responde que confía que el traspaso será igual de ameno, técnico y respetuoso como se ha caracterizado su trabajo y además confirma que el legado y trabajo de Chaves queda “en buenas manos”.
Varios minutos después, Fernández en un escenario lleno de personas declaraba el inicio de la “tercera república” que brillará por el ordenamiento del comportamiento de la oposición política.
La escena anterior condensa en minutos buena parte del origen de las tensiones políticas en Costa Rica y lo que se disputaba en las elecciones del pasado 1 de febrero: el continuismo o el cambio. Continuismo en el sentido de la permanencia de la línea política del presidente actual, Rodrigo Chaves y el cambio en el respaldo electoral a una propuesta opositora. Cambio que resultaba necesario en vista de la tensión, la polarización social y conflictividad institucional que ha impulsado Chaves en el poder, para justificar la transformación total del sistema de contrapesos de las instituciones estatales. Se trataba también de la protección de encaminar al país a un proyecto político que se propone emular los pasos de Nayib Bukele en El Salvador.
a. Polaridad y conflicto: el legado de Rodrigo Chaves
En 2022, el -pseudo- outsider, Rodrigo Chaves fue electo presidente de Costa Rica. Victoria que no fue compleja ante un contrincante profundamente desgastado: Jose María Figueres, de Liberación Nacional e hijo del criollo fundador de la Segunda República. Es decir, la institucionalidad política y ordenamiento sociopolítico que se configuró tras la guerra civil de 1948 que llevó al poder a Jose María Figueres Ferrer gracias a su ejército privado.
Para 2022 Liberación Nacional carece de fortaleza y es sujeto a desconfianza por múltiples casos de corrupción. Por otro lado, a Chaves lo perseguía su denuncia por hostigamiento sexual contra subalternas en el Banco Mundial (BM) y dicha situación resaltaría su actitud misógina y de desprecio contra las mujeres. Pese a ello, logró imponerse en una segunda ronda y ante un electorado sorprendido pues en las encuestas Rodrigo Chaves no figuraba en la intención de voto.
Desde el principio de la gestión fue evidente que Chaves y su equipo improvisaban sus acciones, desconocían principios de administración pública o bien eran inconstitucionales. Ante dicha situación, el presidente arremetía contra las instituciones, actores y normas que le impedían avanzar y “comerse la bronca” -como declaraba en campaña- lo que poco a poco fue escalando y alcanzó a trastocar a la Asamblea Legislativa, el Poder Judicial, la Contraloría de la República, la Corte Suprema de Justicia y más recientemente, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE).
Son muchísimos los ejemplos de tensiones entre las instituciones, los más complejos fueron los dos intentos de desafuero a Chaves para que pudiese ser investigado en una causa penal por el delito de concusión en un contrato millonario con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y posteriormente, por beligerancia política durante la campaña electoral 2025-2026. En ambos resultó victorioso gracias al respaldo de la bancada de Nueva República -evangélica y conservadora- y al partido que compartía el poder con el PLN, la Unidad Social Cristiana (PUSC).
Meses antes al desafuero, fueron vistas vallas publicitarias que pedían la renuncia de jerarcas que eran críticos de Chaves. Entre ellos, destaca Rodrigo Arias -presidente del plenario legislativo-, Carlo Díaz -Fiscal General-, Marta Acosta -Contralora-, entre otros. En la valla se veían sus fotografías y en el centro una leyenda con letras rojas que decía: “renuncien”. Muy pronto, Chaves se deslindó y declaró que las vallas eran la expresión del pueblo. Días después Boris Marchegiani, Secretario General del Partido Pueblo Soberano -chavista-, aceptó pagar por las vallas en denuncia de una serie de “barbaridades” del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) que le impidieron su llegada a la Alcaldía de Quepos.
Paralelo al choque institucional, la educación pública fue desfinanciada durante todo el mandato pues, en Costa Rica el presupuesto se decide cada cierre de año. El decreto conocido popularmente como “la ruta del arroz” eliminó al arancel a su importación, incrementó el costo y arruinó la economía de miles de campesinos productores de uno de los granos más importantes en la dieta costarricense. Por otro lado, la deuda con la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) –sistema de seguro social público– aumentó y el gobierno decidió pagar muy poco de la misma –el monto más bajo de las últimas administraciones.
Mientras todas las políticas públicas eran desechadas y olvidadas –como la educación sexual pública–, no dejaron de aumentar los homicidios y hoy la supuesta “Suiza centroamericana” sobrevive a la peor crisis de seguridad en la historia al contar con 16,7 asesinatos por 100 mil habitantes.
En términos generales, el legado de Chaves está lleno de violencias de diferentes tipos. Entre ellas resalta la violencia contra las políticas públicas sociales e inclusivas, contra la disidencia política, contra la crítica, la prensa que nombró como “canalla” y contra los sectores más vulnerabilizados; quienes son también sus principales simpatizantes. Entre dichas violencias también se hizo más visible la que proviene del narcotráfico pues, durante su mandato Chaves fue vinculado con el narcotráfico y Celso Gamboa -ex ministro de seguridad, ex director del aparato de inteligencia y ex magistrado de justicia- fue requerido por la DEA por ser la figura clave en el tráfico de drogas de Colombia a Estados Unidos y Europa. Así, la imagen de Suiza Centroamericana se ve diluida, tan borrosa e inexistente como siempre.
b. La continuidad del cambio, los 40 diputados y la tercera república
En vista de la desmejora evidente y los pocos resultados de gestión, Chaves arremetió contra la clase política que no lo deja gobernar. Por ello, sus enemigos favoritos son el bipartidismo histórico (Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana), el Partido Acción Ciudadana (su antecesor), los comunistas personificados en el Frente Amplio, y en general, cualquier figura política que le criticara, le contradijera o le señalara la norma.
En medio de esa retórica, Chaves llama a la necesidad de reformar la institucionalidad costarricense que no permite que un presidente realice los cambios necesarios por lo que instruye a construir una bancada de 40 diputados para refundar, transformar al Estado que el pueblo necesita. Dicha bancada posibilitaría que Laura Fernández, la elegida de Chaves, transforme el Estado desde la presidencia. Todo muy similar a la retórica de Nayib Bukele y Nuevas Ideas en El Salvador; actor que se ha vuelto aliado de Chaves y que recientemente colocó la primer piedra de lo que será la megacárcel en Costa Rica al estilo de Bukele.
Frente a una oposición fragmentada que se disputó un tercio del electorado, Fernández resultó vencedora al concentrar al 48% de los votos válidos. Su bancada también resultó solida al alcanzar 30 de 57 curules. Tras el reconocimiento de la pérdida por parte de Ariel Robles y Claudia Dobles, la particular llamada televisada con el presidente en funciones, Laura Fernández declaró que el país cerraba el capítulo fundado en la guerra civil y abría las puertas a la Tercera República. Al grito de democracia, indicó que el cambio será profundo e irreversible y llamó la atención de que uno de los cambios más importantes tiene que ver con el comportamiento de la oposición y los partidos políticos.
Con esas palabras, Fernández inicia lo que indica que será un período complejo, doloroso y violento para Costa Rica. Pues, en el fondo se trata de hacer realidad las intenciones de Chaves para cambiar la Constitución. Cambios que pueden ser muy riesgosos, como atentar con la eliminación del ejército como institución permanente, hasta la reelección presidencial y la suspensión de libertades o derechos básicos. Todo en una Centroamérica gobernada por el Estado de Excepción.
En este escenario, son muchos los reflejos de El Salvador sobre el contexto costarricense pues, no sólo se trata de la alianza que se ha tejido entre Chaves y Bukele sino que también tiene que ver con la ampliación de la cooptación del Estado, el –mayor– deterioro democrático, el aumento del autoritarismo y la represión en Centroamérica. Estas alianzas además de que son profundamente neoliberales, coloniales y violentas, es también admiradora de Donald Trump lo que vaticina una coyuntura política de terror.
* Nery Chaves García es licenciada en Relaciones Internacionales con énfasis en Política Exterior y Diplomacia por la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).









