Se conmemora otro Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas con la deuda del Estado mexicano en este flagelo que acumula más de 135 mil personas desaparecidas, con el 91% de los casos concentrados en este siglo.
Limpia con su mano el polvo que cubre el retrato de su hijo estampado en una de las instalaciones que las madres como ella han colocado en los alrededores de la Glorieta del Ahuehuete, rebautizada como “De las y los desaparecidos” por los colectivos sociales que no cesan en la búsqueda de sus familiares.
Pero más que desempolvarlo, Ana Enamorado, una mujer hondureña residente en México desde 2012, acaricia la cara impresa en una hoja con la leyenda “DESAPARECIDO” de Óscar Antonio López Enamorado, su hijo, de quien un martes que no sería como cualquier otro, hace 16 años, el 19 de enero de 2010, no volvería a tener noticias.
Óscar creció en Honduras, donde se crió “encerradito” en casa ante la preocupación de la inseguridad. Y aunque tenía intenciones de estudiar derecho, decidió emprender el viaje para hacerse un camino en Estados Unidos. Logró llegar a suelo estadounidense, pero un día Ana recibió un mensaje suyo en el que Óscar le decía que había llegado a Jalisco por una oferta laboral. Eso fue lo último que supo.
Desde 2012 Ana Enamorado vive en México, donde ha labrado una lucha por encontrar a Óscar y acompañar a miles de otras madres mexicanas, centroamericanas y de otras partes del mundo en esta búsqueda sin descanso. Desde 2021 también forma parte de la Red Regional de Familias Migrantes, un colectivo de apoyo y acompañamiento para la búsqueda de personas migrantes desaparecidas en México.

Lo indefendible
Esa búsqueda que no deja de estamparse con el muro de la indolencia de las autoridades. Desde el funcionario que ignoró el lamento de una persona por desconocer el paradero de su familiar, a la participación directa de burócratas de diversos rangos, políticos, policías y militares; a la complicidad de éstos con el crimen organizado; hasta la burla de quienes ostentan el poder.
El senador de Morena Gerardo Fernández Noroña (izquierda), por ejemplo, dijo el año pasado, en su calidad de presidente de la Cámara en ese momento, en respuesta a la apertura de un procedimiento para analizar la desaparición forzada en México del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, que “no es lo mismo que un particular desaparezca a que sea el Estado mexicano, particularmente el gobierno de la compañera presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien esté desapareciendo”, aunque matizó que la desaparición de una persona “tampoco sería un asunto menor”.
Noroña quería subrayar las diferencias de la actualidad a cuando las dictaduras militares latinoamericanas eliminaban a sus opositores políticos y a personas que consideraban “enemigos internos” de forma deliberada, con toda la maquinaria del Estado.
Pero la crisis se ha desbordado. En total, se contabilizan 135,048 personas desaparecidas en México, desde 1952 hasta junio de 2026, según la Red Lupa, del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia. El 91% de los registros corresponden a lo que va de este siglo XXI.
Desde que en 2006 el gobierno de Felipe Calderón (derecha) inició la llamada “Guerra contra el narco”, la violencia se disparó en México. Y en términos de la desaparición de personas las cifras se multiplicaron drásticamente: de 278 personas desaparecidas y no localizadas registradas solo en el año 2006, a las 4,215 reportadas en 2012, a 6,839 en 2018 y las 12,632 en 2024 (el año con más reportes de la historia). Además, de 2025 a 2026 la desaparición de personas aumentó en un 4.83%.
“La desaparición cometida por particulares, la verdad me cuesta mucho no solo entenderla, sino que aceptar que la nombren así porque, pues, siempre hay participación de cualquier manera de las autoridades”, le dice categóricamente Ana Enamorado a Nuestro Acento.
Las causas de las desapariciones incluyen secuestros, violencia sexual, trata de personas y reclutamiento forzado por parte de grupos criminales. Las personas migrantes, frecuentemente jóvenes y en condiciones de vulnerabilidad o precariedad, suelen confiar en intermediarios conocidos como «coyotes» para cruzar el país, pero terminan siendo entregadas a cárteles o grupos delictivos que marcan a las personas para controlar su tránsito o someterlas a explotación. En ocasiones es el propio Instituto Nacional de Migración que entrega a las personas retenidas. O la policía municipal o incluso la Guardia Nacional. Hay casos documentados, según Ana Enamorado.
En México, la ley diferencia la desaparición forzada de la desaparición cometida por particulares. La primera se enmarca en el delito que comete “un servidor público o un particular que, con la autorización, el apoyo o la aquiescencia (consentimiento, aceptación o asentimiento tácito, pasivo o sin oposición) de un servidor público, priev de la libertad en cualquier forma a una persona, seguida de la abstención o negativa a reconocer dicha privación de la libertad o a proporcionar información sobre la misma o su suerte, destino o paradero”.
La segunda, desaparición cometida por particulares, sucede cuando “una persona privada de la libertad a otra con la finalidad de ocultar a la víctima su suerte o paradero”.
Mientras que la Declaración sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas de la ONU define que una desaparición forzada sucede cuando “se arreste, detenga o traslade contra su voluntad a las personas, o éstas resulten privadas de su libertad de alguna otra forma por agentes gubernamentales de cualquier sector o nivel, por grupos organizados o por particulares que actúen en nombre del gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, y que luego se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas personas o a reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas así a la protección de la ley”.

Hasta encontrarles
En la dinámica actual de las desapariciones en México, Ana Enamorado observa la responsabilidad estatal en la constante omisión o aquiescencia de las autoridades, cuando se ignoran las denuncias de delitos en curso o cuando hay funcionarios que permiten a grupos criminales que actúan sin intervención. Hay un Protocolo de Búsqueda Homologado que no se aplica como debería. También, se suma la pérdida de tiempo en la búsqueda cuando algunas autoridades comienzan a investigar antecedentes o motivaciones de quien desapareció en lugar de indagar sobre los responsables. “Eso es una revictimización y criminalización”, a lo que también se suman los países de origen de los desaparecidos migrantes, sin colaboración, sin intermediación con el otro país.
“Bajo amparos logramos pelear y lograr que el caso de la desaparición de Óscar fuera aceptada por los jueces y ellos se pronunciaron por la omisión del Estado. Logramos que se judicializara el caso como una desaparición forzada; de esa omisión que vengo mencionando desde el inicio: aquél servidor público con el que se presentó la denuncia y desde ese momento que no atenció; aquél otro que no siguió la línea de investigación correcta; ese otro que dejó perder información importantísima y no agilizó la búsqueda”, recuerda.
Y en Centroamérica, mientras tanto, es donde todo se origina, porque “son las autoridades de nuestros países los que obligaron a nuestros familiares a dejar sus tierras, que tanto duele dejar sus raíces y a los seres amados y tener que trasladarse a otro país”, subraya y lamenta que “es muy indignante que las autoridades de nuestros países no estén haciendo nada para participar, para coordinarse con México y trabajar de manera conjunta en la búsqueda de los familiares desaparecidos”.
En Honduras, de donde ella viene, “no les interesa la búsqueda en vida, no le ponen atención”, ni siquiera “cuando la persona puede estar por ahí siendo explotada en algún lugar laboralmente, sexualmente, de alguna manera, está de manera forzada haciendo un trabajo forzado. Está vivo o viva y hay que buscarla, coordinarse y encontrarla”, concluye.
Aquí y allá, en México, Honduras y Centroamérica, los gobiernos se lavan las manos entre sí. Mientras las madres, hermanas, padres, hijos, abuelas, todos buscan sin dejar de caminar kilómetros y kilómetros de senderos y de romper barreras y acabar con los obstáculos de una búsqueda interminable. Hasta encontrarles.











