Augusto Jordán Rodas Andrade está por cumplir cuatro años fuera de casa. Después de defender al pueblo de Guatemala intentó ser rector y luego llegar a la Vicepresidencia de su país. Eso, participar en política, pero también ser una piedra en el zapato de los campeones de la impunidad, lo llevó al exilio. Ahora es un asilado político reconocido por el Estado español que sonríe cuando piensa que debe hacer limonada con todos esos limones que acumula en su largo camino por la justicia guatemalteca.
De visita en México confiesa que se ha permitido algún desliz alimenticio. Regularmente trata de cuidar su dieta pero a los tacos, los moles y los chilaquiles difícilmente le puede decir que no. En la que ahora es su casa en el País Vasco, en cambio, sí trata de seguir una dieta aunque muy cosmopolita. Es una residencia con otras personas perseguidas políticas de distintas latitudes y culturas.
Se extrañan los frijolitos y las tortillas. Pero ahora en México me estoy dando gusto; ya, total, vamos a perder la dieta un poquito.
En esta nueva temporada, como le gusta pensar su vida en formato serie, la trama atraviesa el exilio. Sería el tercer capítulo el que está viviendo ahora, luego de haber pasado un primer tiempo en España, luego otro en Costa Rica y el actual, que lo tiene de vuelta en el País Vasco, en Euskal Herría, en esa casa cosmopolita donde prueba comida salvadoreña, africana y española.
En general, en medio de alguna anécdota o apunte histórico, Jordán Rodas, el exprocurador de Derechos Humanos de Guatemala (2017-2022), deja una mueca cómplice. Empática. Que evoca a ese joven oriundo de Quetzaltenango, en el occidente guatemalteco, el más pequeño de la casa, el hermano de un líder estudiantil desaparecido en los ochenta por el Ejército durante el conflicto armado; el fiel candidato a alcalde; el abogado constitucionalista que llegó a ser procurador contra todo pronóstico; el hombre que sueña con volver a un país que recupere la democracia, el debido proceso y la esperanza.

Asilado político
El Estado español reconoció a Rodas en diciembre de 2025 como un asilado político. Esa resolución dice que el exprocurador teme por su vida, su integridad y su seguridad y que es perseguido por la Fiscalía de Consuelo Porras, próxima a dejar el cargo, en dos causas que se mantienen bajo reserva y a las que ni siquiera él como imputado puede conocer.
Es uno más de los cientos de defensores de derechos humanos, del territorio, periodistas, fiscales, abogados, jueces y magistrados que se han visto forzados a dejar Guatemala desde 2019 por la política de venganza judicial aplicada desde la Fiscalía de Porras y coordinada en juzgados y tribunales en absoluta impunidad.
No valió, en su caso, las medidas cautelares de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que tiene desde octubre de 2017, apenas un mes después de haber asumido el cargo en la Procuraduría.
Pero ahora, el reconocimiento de su carácter de asilado político evidencia a esa justicia “muy porosa” que hay en Guatemala.
“Costaba comprender cómo era eso de darle a un guatemalteco asilo político cuando hay un gobierno democrático”, sonríe Jordán, que a su vez aplaude que se haya diferenciado “el tema de justicia del tema de la criminalización por parte de la justicia. También hay un sentimiento encontrado con el asilo porque marca cierta distancia con el país”.
Y en ese sentimiento también se reconoce como un luchador social, cuyo esfuerzo “no ha sido en balde porque no soy un delincuente, que soy asilado producto de un proceso de una estrategia de criminalizarme como se ha hecho a muchos; no soy el único, lamentablemente”.
En esa oscuridad que ha representado la persecución espuria en su contra, Jordán encuentra una luz. Así habla, en contrastes. Si hoy es difícil vivir lejos de casa, “ya habrá tiempo para el reencuentro”. Si la distancia con su hija de 12 años y su esposa duele en el alma, “nos vemos cuando es posible, lógicamente no en Guatemala”. Si su madre tiene 90 años y su salud se ha deteriorado, “afortunadamente antes de ir a España el año pasado la logré ver”.
El deterioro regional
Jordán Rodas ha visto cómo en los últimos meses la residencia donde vive, que recibe a perseguidos políticos del mundo, se ha nutrido cada vez más de salvadoreños, lo cual le llama la atención por cómo se conecta con la geopolítica regional.
“Primero fue Daniel Ortega, puso el listón muy alto, iba poniendo las planas: perseguir opositores, oenegés, estudiantes, prensa, y todo y así fueron repitiéndolo en los otros países. Pero hoy lo de Bukele está siendo impactante. También muchos periodistas, defensores de derechos humanos y, bueno, ahí tenemos que ir aprendiendo todos, ayudándonos, ser solidarios y nunca criminalizar la migración”.
Ese extravagante país del que proviene, que tiene a un presidente democrático, como él califica a Bernardo Arévalo, y a una fiscal sancionada mundialmente por corrupta y golpista, es difícil de explicar. Ahora, por fin, fue designado por el propio Arévalo un nuevo fiscal general, Gabriel García Luna, supuestamente intachable y comprometido con el combate a la impunidad. Será el 17 de mayo que tome posesión y acabe el reinado de terror de ocho años que pervirtió la institucionalidad del Ministerio Público bajo el mando de Consuelo Porras.
Rodas sí quiere volver a casa, como tantos exiliados más. Este cambio en la Fiscalía será crucial, pero no sencillo. Su retorno será “cuando las condiciones estén, si se dan”.
Recuerda que en Costa Rica vivió con mucha preocupación “cómo ya comenzaban a asesinar a exiliados nicaragüenses”. Todos esos son “síntomas del deterioro de la democracia y tenemos que estar muy pendientes, pero aprender de los distintos exilios e ir viendo esto como un karma, simplemente una situación de vida que uno no busca”.
Mientras tanto, mientras esas condiciones sean las idóneas para su retorno, “uno tiene que ser capaz de repensarse, rehacerse y buscar los lados positivos; como decimos: hacerse un limón o una limonada y ver los momentos para rehacerse si se dan las condiciones. Pero de momento yo estoy en el País Vasco”.
Esas condiciones serían las de un país con “una justicia independiente. Eso ya daría mucha tranquilidad para poder enfrentarse a cualquier proceso. Ahorita lo declaran a uno prófugo por el solo hecho de ser candidato a rector (de la Universidad de San Carlos). Ese fue mi gran delito. Entonces da risa en lugar de llorar”.

“Amparito” Rodas
Jordán Rodas fue electo por unanimidad en 2017 por los 13 diputados que integraban entonces la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, uno por cada partido político. “Tuve el apoyo de todas las fuerzas políticas y en el pleno además tuve 131 votos de 133 congresistas que llegaron ese día a la elección”, recuerda.
Su legitimidad le valió para enfrentar, ya desde la primera semana, al presidente Jimmy Morales y su avance en contra de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).
“¿Qué hago?”, se preguntaba apenas con unos días en el cargo. “¿Me quedo como espectador o acciono, porque la ley me da competencia excepcional”. El presidente había declarado “no grato” al comisionado de la CICIG, Iván Velásquez, así que Rodas presentó la acción de amparo que resultó declarada con lugar.
“De milagro terminé los cinco años como procurador, con un asedio constante, 18 solicitudes de antejuicio para retirarme la inmunidad, ocho intentos de removerme desde el Congreso y como no llegaron a los votos, optaron por una asfixia financiera. Pero yo he aprendido en la vida que hasta para ser malo tienen que ser buenos técnicamente. Y estos son muy torpes, afortunadamente”.
Recibió apoyos cruciales de la sociedad civil, de las autoridades ancestrales de los pueblos originarios, de las juventudes, de representantes de la diversidad sexual, de movimientos de mujeres, “fueron quienes me acompañaron en la gestión porque vieron que había alguien que tenía las puertas abiertas para ellas como quizás no habían tenido antes”.
Por sus acciones en favor del pueblo, el expresidente Morales lo apodó “Amparito”, algo que le daba “risa”. “Cuando Jimmy Morales,en cadena nacional, me decía ‘Amparito’ y que me lo había ganado a pulso (el apodo), pues sí, yo enseño a mis alumnos a hacer amparos pues”.
‘Amparito’, sí, “con mucho orgullo, no me arrepiento de nada. Porque también se presentaron muchos amparos en el derecho al agua, a la electricidad, cuando escaseaban las licencias de conducir, los pasaportes. Y en pandemia también, para proteger a los doctores, enfermeros y enfermeras; y por el tema de las vacunas también”.
Una ventana de oportunidad
Bernardo Arévalo llegó a tomar posesión la madrugada siguiente al día que lo debió haber hecho, el 15 de enero de 2024. Y fue por toda la estrategia golpista que buscó anular la elección de 2023 en la que alcanzó el balotaje y luego ganó la Presidencia. Toda esa presión de los actores de impunidad que rodean todavía a la Fiscalía estuvo a punto de evitar que fuera presidente.
Rodas ha visto cómo la élite económica, política y militar ha manejado a su país como una finca. “Pero ya la sociedad guatemalteca pienso que ha sido clara en su momento y ha dicho que no nos van a seguir baboseando, dijéramos coloquialmente”.
Los que se creen dueños del país “creen que todos somos sus peones y tenemos que agachar la cabeza y decir que sí para que ellos sigan acumulando riqueza. Y eso no es justo, porque a la larga esa desigualdad, que es uno de los problemas estructurales que yo siempre digo –desigualdad, discriminación y racismo y corrupción–, pues hay que atacarlos de fondo”.
Por eso la victoria de Arévalo significó tanto, con tan poco: “Ese entusiasmo muchos lo teníamos cuando inició el gobierno de Bernardo Arévalo porque la población guatemalteca fue muy sabia”, subraya el exprocurador, quien llegó a ser candidato a la Vicepresidencia como compañero de fórmula de Thelma Cabrera, una lideresa maya mam del Movimiento para la Liberación de los Pueblos.
“Pero el propio Estado nos cerró la puerta. Al igual que a otros dos binomios que tampoco dejó participar, aunque no hay que confundir peras con manzanas, sus casos fueron distintos”, dice Jordán.
Su candidatura fue anulada por un requisito absurdo: aunque en el sistema aparecía con finiquito válido, o sea, la constancia de inexistencia de reclamación de cargos que deben entregar los funcionarios públicos en procesos como la elección a un cargo público, las autoridades electorales le impedían participar. Tras su proclamación como candidato junto a Cabrera, una denuncia posterior a su finiquito truncó su candidatura, al igual que la de su compañera de fórmula.
Finalmente ganó Arévalo y con esa victoria se abriría una ventanita de oportunidad. “Pero yo lo veo con reserva, porque el año pasado se eligieron magistrados a la Corte Suprema de Justicia y algunos diputados oficialistas celebraron que ahora sí habían cortes balanceadas. Las mismas cortes que por unanimidad eligieron a Dina Ochoa para repetir en la Corte de Constitucionalidad”, lamenta.
Tampoco hubo renovación en la Corte de Constitucionalidad, asegura Rodas, como sí lo expresó Arévalo en una entrevista reciente en Plaza Pública. ”Me sorprendió que dijera eso, porque de 10 magistrados, cuatro repiten”.
Ahora solo falta ver que el nuevo fiscal general García Luna “tenga el valor de enfrentar y rescatar la institucionalidad, todo lo que le han erosionado por dentro y que también tenga una estrategia para descriminalizar a todos los exiliados. Quizás que no lo diga ahorita, pero que lo tenga en cuenta en el momento de que asuma en mayo”.









